
Insuficiencia respiratoria crónica
La Insuficiencia Respiratoria Crónica (IRC) consiste en la presencia de un déficit de oxígeno en sangre (hipoxemia) de forma persistente (Pa O2 < 60 mmHg), con aumento de dióxido de carbono (hipercapnia) (Pa CO2>45 mmHg) o sin ella.
El fracaso primario del intercambio de gases se traduce inicialmente por la presencia de hipoxemia sin hipercapnia (solo disminución de oxígeno en sangre).
La mayoría de las enfermedades pulmonares pueden conducir a un fracaso del intercambio de gases tanto si afectan al parénquima (neumonía) como a la pared alveolar o al intersticio (enfisema o fibrosis) o a los bronquios (bronquitis crónica).
En los estadíos más evolucionados la hipoxemia crónica puede acompañarse de hipercapnia.
Los gases se mueven a través del pulmón por diferencias de presión entre la atmósfera y el alveolo. La coordinación entre la caja torácica, los músculos respiratorios y los sistemas nerviosos central y periférico constituyen la “bomba” ventilatoria que genera las diferencias de presión. El fracaso de la bomba ventilatoria conduce a la Insuficiencia Respiratoria Crónica (IRC) en la que, además de la hipoxemia más o menos importante, se caracteriza por la presencia de hipercapnia.
Pueden distinguirse tres grupos de enfermedades que alteran la bomba respiratoria:
1. Deformidades de la caja torácica. Cifoscoliosis o alteraciones secundarias a cirugía torácica (toracoplastias).
2. Enfermedades neuromusculares. Poliomielitis. Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA).
3. Trastornos del control de la ventilación congénito o adquirido. Síndrome de la ventilación asociado a la obesidad.
El diagnóstico de la IRC es poco sensible y específico, dado que en muchas ocasiones no se expresa más que por un agravamiento de la enfermedad de base. La cianosis (coloración azulada en piel y mucosas) sería el signo guía de la IRC secundaria a alteraciones primarias del intercambio gaseoso.
Obstructiva del sueño
El síndrome de apnea obstructiva del sueño (SAOS) es una de las formas más frecuentes del trastorno del sueño. Se caracteriza por la reducción (hipopnea) o cesación (apnea) periódica de la respiración debida a la disminución del calibre de la vía aérea superior durante el sueño. Estas alteraciones periódicas desestructuran la arquitectura del sueño con innumerables despertares (conscientes o no) durante toda la noche, acompañados de ronquidos en la mayor parte de los casos.
El SAOS se asocia a un incremento de la morbilidad por cardiopatía isquémica (infartos, angor), accidentes de tráfico o accidentes cerebrovasculares.
El síntoma más importante es la somnolencia diurna. No son raros los accidentes automovilísticos, al dormirse el paciente al volante o la “cesación” de la respiración durante la noche que obliga a la pareja a despertar al paciente. Otros síntomas frecuentes son la cefalea matutina (que mejora durante el día), disminución de la libido e impotencia o cambios en la personalidad y trastornos cognitivos.
Para el diagnóstico del SAOS se emplea el estudio del sueño o polisomnografía y como primer eslabón en el tratamiento está la pérdida de peso, especialmente en los casos leves o moderados. El tratamiento de elección para los casos morados-graves es la aplicación de presión positiva continua sobre la vía aérea a través de la nariz (CPAP nasal). El uso de la CPAP nasal debe plantearse como indefinido, por lo que el seguimiento del cumplimiento es fundamental.
Sospecha de cáncer pulmonar
El cáncer de pulmón es de los más frecuentes en el hombre. El carcinoma broncógeno es responsable del 90% de dichos cánceres, siendo el de células escamosas (30%) la forma histológica más frecuente, seguido del adenocarcinoma y del carcinoma de células pequeñas; la forma más frecuente es la de células grandes
En el momento del diagnóstico, el 50% de los cánceres son metastáticos y el 20% están localizados. El factor etiológico más importante es el tabaco. Un fumador de 20 – 25 cigarrillos/día tiene 20 veces más riesgo que uno no fumador.
El síntoma que está presente en la mayoría de los enfermos con carcinoma bronquial es la tos, seguido de expectoración, dolor de pecho y hemoptisis (esputos con sangre o sangre al toser).
El 12% de los cánceres de pulmón se diagnostican por metástasis extratorácicas, en glándulas suprarrenales, sistema nervioso central, hígado, hueso, etc.
A pesar de las campañas antitabaco y de los programas de detección precoz del cáncer de pulmón, no se ha podido aumentar la supervivencia de los casos en comparación con los controles. Así, hoy en día, la única prevención existente es la disminución del hábito tabáquico de la población. Es importante someterse a los estudios de prevención por el médico de cabecera y realizar imágenes radiológicas periódicas, sobre todo en personas fumadoras y/o con cualquiera de los signos mencionados.
Dr. Juan Antonio Andreo Ramírez – Director Médico de ASSSA
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