
Con frecuencia, solemos medir y evaluar el grado de contaminación del espacio exterior de nuestros pueblos y ciudades. Estas mediciones son realizadas, habitualmente, por organismos oficiales o privados que difícilmente tienen acceso a nuestros hábitats y espacios de trabajo.
Pues bien, nos sorprendería saber que, en demasiadas ocasiones, en nuestras viviendas, oficinas, comercios, medios de transporte y recintos públicos, es más habitual la presencia de elementos patógenos y contaminantes que en las propias calles de nuestras ciudades.
A través de la biohabitabilidad, podemos estudiar, medir y valorar el grado de salud del que gozan los edificios e interiores que habitamos.
La bioconstrucción, basada en el uso de materiales de construcción sostenibles, poco contaminantes y de elevada eficiencia energética, ha contribuido, en gran medida, a crear espacios más saludables, pero un estudio de Biohabitabilidad va mucho más allá.
Esta disciplina, se basa en la ciencia de la geobiología, que analiza la relación entre la tierra (geos) y los seres vivos (bios). En ella se estudian otros factores capaces de alterar algunas funciones físicas o biológicas de nuestro organismo. Se estudian previamente a su diseño la ubicación de los espacios de descanso o larga permanencia, ateniendo a las radiaciones naturales emitidas por el terreno que habitamos y las artificiales producidas por la intervención humana.
Entre los factores naturales que pueden influir en nuestro organismo y por tanto afectar a nuestro descanso o estado de ánimo, se pueden encontrar las alteraciones terrestres, tipo vías de agua, fallas tectónicas, gas radón, zonas radiactivas, etc. Las alteraciones de carácter artificial son aquellas producidas por las instalaciones eléctricas y las telecomunicaciones y que también afectan en gran medida a nuestro equilibrio. Estas radiaciones artificiales pueden ser de baja frecuencia generadas por instalaciones eléctricas, centros de transformación, líneas de alta tensión, etc. o de alta frecuencia, emitidas por las antenas de telefonía móvil, redes WIFI, radares, etc.
Dicho esto, es normal que los campos electromagnéticos y las radiaciones nos afecten, ya que, habitualmente, en nuestro organismo se producen minúsculas reacciones eléctricas, debidas a las funciones corporales normales. Por tanto, es importante a la hora de intervenir en un espacio habitable, bien sean hogares, escuelas, espacios de trabajo… que todos aquellos que tenemos la responsabilidad de proyectar, diseñar o construir estos entornos, arquitectos, diseñadores de interior, ingenieros, constructores, etc., estudiemos con anterioridad, las posibles geopatologías y alteraciones del terreno o las radiaciones que afectan a las zonas de descanso o larga permanencia.
Sería deseable, así mismo, que todos los que amueblamos o intervenimos en el uso, la limpieza, mantenimiento y desinfección de los espacios habitables, tomemos conciencia de la importancia de utilizar productos sostenibles y no contaminantes, libres de disolventes sintéticos, formaldehídos y partículas tóxicas o nocivas para el aire que respiramos y como consecuencia… para nuestra salud y la de los que nos rodean.
Desde la Asociación de Estudios Geobiológicos (GEA), así como del Instituto Español de Baubiologie (IBE Biología del hábitat), al igual que en otras asociaciones similares, desde hace ya muchos años, se viene formando a técnicos y expertos en la realización de estudios de biohabitabilidad, midiendo y cuantificando las radiaciones naturales o artificiales, la calidad del aire interior afectado por contaminantes físicos, químicos o biológicos, mediante el uso de técnicas y aparataje muy específico, que nos permite saber si la exposición a estos agentes patógenos está dentro de los límites recomendados por la normativa vigente, y sobre todo por la Norma Técnica alemana de medición en Baubiologie SBM-2015.
Tono Lledó Marsell
Fundador de Tono Lledó Interioristas
GRADO en Diseño de Interiores y experto en biohabitabilidad