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Envejecer

El proceso del envejecimiento ha adquirido en los últimos tiempos un concepto cualitativo importante. La tercera edad no debe considerarse como un nuevo estado al que se llega tras acometer nuestra misión en la vida, sino como un proceso gradual de nuestra existencia y siempre unido a ella.

Nuestra vida es un único trayecto que trascurre a través de distintas etapas, pero cada una es consecuencia de la anterior y todas van unidas. No obstante, a nivel social esta etapa presenta unas características diferenciales que hacen que la tercera edad se convierta no en un proceso más de nuestra vida, sino en un estado discriminatorio y a veces incómodo en nuestra sociedad. Vivimos en una sociedad que discrimina a los mayores.

Avanzar mentalmente en esta idea es algo que compete a toda la sociedad. Saber adaptarse, progresar personalmente, buscar un equilibrio, tras una jubilación o dentro del proceso de envejecimiento, son factores que deben formar parte de un proceso, como en su día lo fueron la adolescencia, el elegir una profesión o decidir tener un hijo. Por supuesto, no vamos a dejar de admitir que estamos hablando de las últimas etapas de vida, pero estas deben jugar un papel muy importante para lo que debemos estar preparados. Debemos aprovechar este momento cumbre de nuestras vidas. Formar parte de una sociedad activa, mejorando nuestro nivel personal y de participación.

EL FUTURO A SU MEDIDA

El momento más temido por muchos es tener que decidir dejar tu casa para instalarte en una residencia de ancianos, o lo que es peor, que los demás decidan por ti. Pero, hay que admitir que llega un momento en que no haya otra solución, o ¿quizá sí?.

Hay que reconocer que la oferta de residencias tanto públicas como privadas es bastante estimable, y es sin duda una buena alternativa para un gran sector de la sociedad. Ahora bien, existe un gran número de mayores que no desean ni necesitan dejar sus hogares. Para muchos supone una traumática decisión el abandono de su entorno y asumir la idea de que es “ya para siempre”. Ya no se trata de una mudanza más en nuestra vida, es la definitiva, solo que, en esta ocasión, no necesitamos ningún camión de mudanzas, el equipaje es demasiado pequeño.

Si la persona mayor no desea separarse de su entorno, deshacerse de lo que forma parte de sus recuerdos, ¿con qué medios cuenta para mantener una cierta calidad de vida cuando la edad y las fuerzas comienzan a no responder como de costumbre?

Para paliar estas situaciones se ha creado una nueva y vocacional figura profesional. EL ASISTENTE DOMICILIARIO. Esta persona desarrolla los servicios necesarios para cubrir esta alternativa de vida altamente gratificante.

El asistente acude a casa del solicitante o cliente para proporcionarle los cuidados de carácter personal o doméstico que la persona mayor requiera y no pueda acometer. O bien, sin necesidad de llegar a una dependencia real, proporciona una ayuda a las actividades y rutinas cotidianas que resultan algo más pesadas de realizar. Ellos se sentirán satisfechos pudiendo mantener su hogar y su vida perfectamente organizados, sin que les suponga ningún esfuerzo.

La confianza del mayor en su cuidador/a es esencial y la entidad empresarial debe garantizar el buen desarrollo de esta relación, proporcionando la persona adecuada que se adapte a sus necesidades y personalidad. Su objetivo debe ser procurar el bienestar del mayor siempre de acuerdo a sus deseos y el derecho de éste es exigirlo.

Estamos hablando de una importante etapa en la vida y no hay que renunciar a la libertad de elegir como queremos vivirla. De ello depende nuestra felicidad. Todas las etapas de la vida merecen vivirse plenamente.

 

Rosa Valcárcel. Director de ASISMA.

 

 

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